Un buen mensaje automático no parece de un robot. Es corto, personal y útil: el nombre del cliente, la información que necesita y una sola acción clara. Si es demasiado largo o demasiado comercial, se ignora.
Todo depende del disparador. Un mensaje sale porque ha pasado algo: un pedido, una cita reservada, una factura sin pagar. Antes de redactar, haz una lista de esos momentos clave de tu relación con el cliente. Cada uno puede convertirse en un escenario.
El canal importa. El e-mail va bien para documentos y detalles. Un mensaje por WhatsApp suele leerse más rápido, pero debe ser poco frecuente y esperado. Usa cada canal para lo que mejor hace, y no dupliques todos los mensajes.
Cuidado con las normas. Los mensajes ligados a un pedido o a una cita suelen estar aceptados. Los mensajes comerciales suelen requerir un consentimiento previo según el RGPD y las normas de tu país, y una forma sencilla de darse de baja. Si tienes dudas, haz validar tus mensajes promocionales.
Por último, prueba antes de activar. Un mensaje enviado dos veces, con el nombre equivocado o a las 3 de la madrugada, daña la confianza. Probamos cada escenario con contactos de prueba antes de lanzarlo de verdad.