Un buen logo no es una ilustración. Es un signo sencillo que se reconoce en un segundo, incluso en tamaño muy pequeño en la pantalla de un móvil. Los logos más sólidos suelen caber en una forma y uno o dos colores. Cuantos más detalles, más ilegible se vuelve el logo al reducirlo.
Antes de empezar, hazte tres preguntas. ¿Quiénes son tus clientes? ¿Qué impresión quieres dejarles: seria, cercana, premium, accesible? ¿Y dónde se verá más tu logo: en una web, un escaparate, un vehículo, unos envases? Las respuestas orientan el estilo mucho más que tus gustos personales.
La trampa más habitual es querer decirlo todo en el logo: el oficio, la ciudad, los valores, los productos. Un logo no cuenta tu historia, la firma. Otro error frecuente: elegir una tipografía de moda que estará pasada en dos años, o colores que dejan de verse al imprimirlos en blanco y negro.
Piensa también en los formatos. Necesitas una versión para fondo claro, otra para fondo oscuro, una versión cuadrada para las redes sociales y un archivo vectorial (SVG) para la imprenta. Sin ese archivo, ampliar tu logo para un rótulo dará un resultado borroso.
Por último, si piensas registrar tu marca, haz una búsqueda de marcas previas antes de la solicitud, en la oficina de propiedad intelectual de tu país o en la oficina europea. Un logo parecido a una marca ya protegida puede obligarte a cambiarlo todo. Tras el pago completo, te cedemos los derechos de explotación del logo entregado, según nuestras condiciones generales.