Una página de ventas tiene un único objetivo. Nada de menús que van en todas direcciones ni de enlaces a otras ofertas: el visitante lee, entiende y pasa a la acción. Cada bloque de la página debe acercarle a esa acción.
Todo empieza por el título. En una frase, debe decir qué problema resuelves y para quién. Si el visitante no se reconoce en los primeros segundos, no leerá el resto. Habla del resultado para el cliente antes de hablar de tu método.
Después, responde a las objeciones. ¿Es para mí? ¿Cuánto cuesta? ¿Qué pasa si no me convence? ¿Cuánto tiempo hace falta? Una buena página responde a estas preguntas antes de que se las hagan, con unas FAQ, ejemplos concretos y condiciones claras.
Las pruebas cuentan, pero solo si son verdaderas. Reseñas reales, fotos reales, cifras que puedas justificar. Un testimonio falso puede arruinar tu credibilidad y puede estar prohibido por las normas de protección de los consumidores. Si estás empezando, apuesta mejor por la claridad de la oferta y una política de devoluciones clara.
Por último, la página debe ser rápida y estar bien adaptada al móvil, porque gran parte de tus visitantes llegarán desde ahí. Y no olvides el aviso legal y las condiciones de venta adaptadas a tu país: nosotros maquetamos las páginas, pero su contenido jurídico debes validarlo tú.